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Rosca: de podenca de caza a perra de casa.

Texto y imagenes de Verónica Oliva, propietaria de Rosca.

La historia de Rosca llegó a mi vida físicamente, el 19 de junio de 2010, aunque ya me había robado el corazón semanas antes, gracias a las nuevas tecnologías, y gracias por supuesto a las personas que luchaban por sacarla adelante.
Yo había convivido anteriormente más de 14 años estupendos con Irka, una Husky espectacularmente bella y buena. Murió el 4 de marzo de 2010 y supe que quería seguir compartiendo casa, experiencias, momentos y vida con más perros. Lo he querido así desde bien pequeña.
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Rosca es una preciosa Podenca Andaluza de pelo largo, nació el 6 de marzo de 2006, en un pueblo de Zaragoza, en manos de un criador de podencos con más de 20 años de experiencia en la crianza de perros de caza, quien según sus propias palabras, se la regaló a un amigo de su hermano, uno “de los de siempre”, un cazador, que debió darle bastante mala vida, para luego abandonarla junto a Linda, otra podenca, en la perrera de Movera (Zaragoza) y ser rescatada por unas maravillosas personas.

El citado 19 de junio me desplazo a Zaragoza y allí, me la entregan Vero y Sonia, quienes la rescataron de la perrera y cuidaron hasta la adopción. También agradecer a Gema, una persona comprometida, de Madrid, que amadrinó la estancia de Rosca desde que ingresó en la protectora hasta que salió. Entre unas cosas y otras cuando Rosca llegó a mi vida, tenía más de 4 años.

Los comienzos con Rosca fueron muy, muy, muy difíciles. Se trataba de una perra que había vivido y sufrido la vida de la caza, mucho maltrato, los palos, el abandono, y un largo etcétera que no quiero ni pensar. Manifestaba verdadero pánico por el sexo masculino en general, su falta de socialización era tristísima, cualquier ruido desconocido le aterraba, le paralizaba, era incapaz de dar un paso.

Los primeros días, e incluso semanas, no quería salir a la calle, comenzamos con 20 minutos de reloj, desde que se le decía para salir hasta que finalmente salíamos. Las cosas se complicaron cuando atacó, tanto a mi padre como a Dani, mi pareja, se sentía intimidada, o asustada y reaccionaba marcando, pensamos que su intención no era atacar sin embargo, lo hacía como defensa.

Desde este momento y hasta la actualidad, entró a formar parte de nuestras vidas Silvia, Silvia Cinopolis, contando, además, con la gran suerte que había conocido a Rosca en la protectora y su ayuda fue y sigue siendo necesaria.

Rosca seguía con esos pequeños ataques, con su terror a salir a la calle, ansiedad por separación, lo que me obligaba a llevarla con mis padres mientras yo trabajaba, o llevármela al trabajo, o trabajar desde casa, me convertí en una persona obsesiva compulsiva con el tiempo cuando Rosca se quedaba sola en casa.

Silvia me dio mil claves, muchas directrices y nos pusimos manos a la obra, e iba funcionando, poquito a poco, muy, muy lentamente, pero iba funcionando, nos pudimos relajar, porque yo me negaba a que tuviera que salir de casa, yo había creado con ella un compromiso de por vida, y así se lo hice saber a mi familia.

Tenemos que ponernos en situación, saber que su pasado no fue nada fácil, que llegó a nuestra vida con más de 4 años y los primeros meses e incluso el primer año en la vida de un animal es determinante, no había sido socializada, no entendía órdenes y de hecho el “sienta” después de 4 años no lo ha interiorizado, no sabía jugar, ni lo que era una pelota o cualquier otro juguete, no sabía comer determinados alimentos, algunas texturas le resultaban raras…

Con esfuerzo, con tesón, con Silvia a nuestro lado, y sobre todo con el enorme esfuerzo de Rosca, pudimos ir saliendo a la calle sin estar 20 minutos de reloj, desaparecieron los ataques, empezó a parecer una perra feliz, su pelo cambió, cogió peso y lo más importante se sentía bien en casa, estaba entre amigos, los paseos resultaban amenos y divertidos, a veces se lanzaba a darse una carrera y parece que te miraba como pidiendo permiso, en más de una ocasión he llorado de felicidad al verla contenta, observándola mientras olfateaba, o se relacionaba con algún otro perro en la calle, cuando corría, o jugaba…

Tuvimos que ser muy consecuentes, muy estrictos con las pautas marcadas por Silvia, poner mucho sentido común y fuerza de voluntad. La estuvimos tratando con Flores de Bach y nos dieron buen resultado.

Nos dijeron desde la protectora que Rosca cuando estaba allí, era una perra agresiva, que apenas la sacaban con otros perros, y si lo hacían, muchas veces era con bozal porque atacaba, mordía. Desde que Rosca está en casa, no ha mordido a nadie, es más, tres perras, le han atacado, y ella se ha defendido pero no ha mordido. Lo único que ella necesitaba era TIEMPO y PACIENCIA y que nosotros se lo concediéramos, y que aprendiésemos qué era lo que ella necesitaba, y ponernos en manos de una profesional.

Pasado menos de 1 año de la llegada de Rosca a casa, y sin habernos planteado tener otro perro, llegó Leo, un cachorrito de apenas 4 meses que estaba abandonado, desnutrido, lleno de heridas, que iba a estar aquí hasta que se recuperara y ya, y sin embargo se convirtió en otro miembro de la familia. Uno de los motivos que tuvo más peso para que se quedara en casa fue también por Rosca, a ella le vino fenomenal, para él, ella se convirtió en su mami, y para ella creo que fue un regalo, ya no se quedaba sola en casa, salía acompañada a los paseos, le cuidaba y le enseñaba, era maravilloso verles juntos, como le lamía, le limpiaba, le hacía mimos, y él se derretía.

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Rosca es una perra extremadamente sensible, lo nota todo, si tú estás triste, enfadada, más nerviosa o estresada, y estas cosas le afectan, y entonces yo intento tratar de disimular, pero de nada me sirve porque es muy lista, y las pilla al vuelo. Es espectacularmente bella, sus ojos te atrapan, y te dan ganas de achucharla continuamente, y ella se deja, pero ¡ojo! Cuando ella quiere, hay que dejarla su espacio, no hay que sobresaltarla ni molestarla cuando duerme, es muy sensible a cualquier ruido, pero ya no se asusta como al principio.

Rosca nos ha servido para saber cómo piensa un perro, qué es un perro, cuál es su lenguaje, cómo hay que relacionarse con ellos, nos ha enseñado mucho, a mí, a mi familia, a nuestros amigos. Las personas que la han conocido desde que llegó a casa, siempre nos hablan del espectacular cambio sufrido por Rosca, mucha gente te dice con alegría “que bien, por fin la he podido acariciar” “Rosca se me ha acercado, he podido tocarla”.

Cuando nació nuestra hija Aitana, ahora tiene 18 meses, tanto Leo como Rosca actuaron de maravilla, pedimos consejo profesional igualmente a Silvia, para poder hacerlo de manera que la llegada de la bebé a casa afectara lo menos posible a los perros, y he de decir que los dos se han portado de maravilla, han sabido ocupar su sitio, han sabido ser todavía más pacientes, se relacionan los tres entre sí de una forma absolutamente natural, y evidentemente sí, tenemos mucho más cuidado en la relación Rosca-Aitana que Leo-Aitana, esto hay que decirlo, y es así porque hemos asumido que Rosca es una perra especial, con un pasado que ha marcado su carácter, y sí, a veces te saca de quicio, en ocasiones hace difícil cualquier cosa o actividad ordinaria, hay momentos puntuales en los que lo único que quieres es tirar la toalla…pero NO, nunca… Ella da más de lo que tiene, más de lo que sabe, más de lo que puede, su cambio ha sido espectacular y su voluntad en sobreponerse es admirable, seguramente gracias a su fuerza y cabezonería de “súper podenca”. Por lo tanto, siempre formará parte de nuestra familia, de nuestra manada, de nuestra vida y nuestro corazón, la queremos como es, igual que ella a nosotros… Nadie es perfecto.

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Gracias Rosca, gracias Silvia, Vero, Sonia, Elena, Belén, Gema, gracias Dani, papá, Gracias Familia, y mil millones de gracias a todas aquellas personas que luchan por quienes no tienen voz, por los derechos y el respeto animal, que la lucha no termine, no nos quedaremos de brazos cruzados.